El consultor y presidente de la Fundación Chile analiza desde su óptica las dificultades de la selección chilena de fútbol. Enfocándose especialmente en Iván Zamorano, asegura que en la forma en que aprovechemos su estado de ánimo y el de sus compañeros está la clave para enfrentar al próximo rival.
La Tercera, Domingo 30 de Julio del 2000
Me impresionó ver que luego del partido con Venezuela, la presentadora de un canal de televisión preguntó a un invitado si debemos sacar a Iván Zamorano del equipo, ante la evidencia de su bajón futbolístico, porque ya tiene 32 años y hasta un penal perdió durante el partido. Me impresionó porque, a mi juicio, lo que debiéramos hacer con el capitán y con todo el equipo chileno es ayudarlos a superar este mal momento, aprovechando este mismo "bajón" para encontrar las armas que les permitan salir adelante.
Dos líderes han visto crecer las canchas de Chile en los últimos años: Marcelo Salas y Zamorano. El caso de este último es el más notable, pues encarna mejor que nadie al chileno ciento por ciento, solidario, equilibrado y buen muchacho. Surgido de Maipú, se fue de Chile como un desconocido y logró en el extranjero triunfos enormes, al punto que en este país merecería ser transformado en mito nacional, tal como Brasil hizo con Pelé o España con Butragueño.
Pero Zamorano también acuñó un carácter emblemático, al grado que hoy encabeza la decisión del equipo de no hablar con la prensa, ante la molestia por ciertas imágenes captadas durante la concentración. El ídolo es tildado ahora de autoritario, arbitrario y otros epítetos.
Metáfora de un futuro
Cualquier empresa humana que se emprende requiere de un estado de ánimo adecuado. Si uno quiere reflexionar, requiere de paz. Si uno busca preparar un examen difícil, necesitará aislarse. ¿De qué sirve sacar a Zamorano o a Nelson Acosta, si ya estamos lanzados al desafío de clasificarnos? Entre más contribuyamos a esta polémica, más deteriorado estará el estado de ánimo del equipo para ganarle a Brasil.
El caso de la selección es sólo un ejemplo de cómo el estilo nacional chileno puede poner en peligro un desafío inminente. Pero también es una metáfora y una manera simple para explicar la relación que existe entre los fenómenos de la conversación y el estado de ánimo, que a mi juicio forman una de las debilidades más marcadas de este país. Esto, porque pocos han advertido que Chile tiene que prepararse a conciencia para competir en un mundo cada día más incierto, lo que requiere de capacidad emprendedora y solidaridad patriótica. Esos dos valores, justamente, no están en nuestra conversación de país, ni siquiera cuando el tema es el fútbol. No me cabninguna duda que para triunfar ante Chile, Brasil tiene que jugar un partido normal. En cambio, para ganarle a Brasil Chile deberá jugar un partido extraordinario.
¿Qué necesitan nuestros jugadores para ello? Necesitan de espíritu colectivo y coordinación, pero antes que nada necesitan de un estado de ánimo ganador, al cual todos -cuál más cuál menos- podemos contribuir.
A diferencia de las emociones, que son personales, los estados de ánimo son fundamentalmente sociales. Como ondas que embriagan al todo social, trasuntan lo que le está pasando al conjunto, incluyendo con ello desde un equipo de fútbol hasta todo un momento por el que cruza una sociedad.
Si asumimos que uno de los más importantes factores que determinan los estados de ánimo es la forma en que conversamos con los demás, esto cobra mayor vigencia en el caso de Chile: está claro que los chilenos no sabemos conversar entre nosotros. O nos lanzamos a la crítica desmesurada o bloqueamos completamente las críticas.
Los chilenos a menudo ignoramos que toda conversación va más allá de ella misma. Al abrir o cerrar posibilidades, toda conversación plantea un horizonte de futuro, pero también una aceptación del pasado.
Si nos queremos sentar a conversar, tenemos que asumir lo que cada cual es y ha sido. En mi caso personal, si yo fui ministro del Presidente Salvador Allende y estuve con él en su último día en La Moneda, tengo que asumir a un interlocutor que apoyó a Pinochet si realmente quiero conversar con él. Igualmente, quisiera del otro el mismo respeto, aunque mantengamos nuestras diferencias.
La luz del día
Es mezquino discutir si el capitán de la selección está viejo, si yerra penales o si es autoritario, en medio de las eliminatorias. En vez de preocuparnos de que las cosas van mal, de lo que se trata es de esmerarnos en cumplir bien los detalles para llegar a la meta común, ordenar las cosas, perseverar, resistir. Anticipar la luz del día mucho antes que ésta llegue. A mi juicio, el veto de la selección a la prensa es sólo la reacción motivada por un estado de ánimo ante las críticas. Creo que la sensación del equipo es que "el país no nos entiende y nos bajonea". Esto, pese a que quien aparece como oponente no es el país, sino la prensa, que en todo caso refleja la postura del resto de la gente.
En medio de todo esto está Zamorano, quien como líder nos quiere mostrar la desilusión de sus compañeros por sentirse maltratados, en medio del desafío de la clasificación.
¿Cuál debe ser nuestra reacción al respecto? A mi juicio, lo que tenemos que hacer es volver a decirle a Zamorano que todavía lo queremos, que lo admiramos y que le agradecemos que se haya cultivado como un futbolista y ser humano excelente. Y, por cierto, que sea uno de los nuestros.
Los estados de ánimo son como las olas, con sus propias leyes, ritmos y momentos. Una persona que nunca ha surfeado no podrá aprovechar una buena ola, mientras que un surfista consumado sabrá aprovechar lo que aparece como un desafío amenazante para deslizarse sobre su cresta. Si la gente entendiera de esta forma los estados de ánimo, un alto porcentaje gozaría de ellos en vez de sentirse arrastrados.
De Churchill a Lagos
Sin embargo, surfear sobre los estados de ánimo no quiere decir manejarlos a su antojo, sino compenetrarse de sus leyes y sacarles provecho. Para el caso de un líder, por ejemplo, esta compenetración podría ayudarle en determinados momentos de crisis o desesperación del grupo. Conocedor de las ventajas de un determinado estado de ánimo, el líder podría azuzarlo para llevar al resto a que despierte.
Los desafíos se caracterizan por lo contradictorio de los estados de ánimo entre lo que se tiene y lo que se requiere. Uno de los que mejor ha ilustrado esta capacidad en la historia ha sido el ex primer ministro inglés Winston Churchill, cuando arengó a los ingleses para no desfallecer ante la Alemania nazi, durante la Segunda Guerra Mundial.
En una compañía a punto de irse a la quiebra, en ocasiones la única salida es despertar a todos sus empleados y plantearles crudamente la situación, pues una de las tendencias de toda organización es tender a la tranquilidad y a lo rutinario. En una crisis, ese mismo estado normal es la negación de la crisis, lo que deja sin posibilidades de enfrentarla.
Recordemos como otro ejemplo el sentimiento de los partidarios de Ricardo Lagos finalizada la primera vuelta: a pesar de que habían ganado, se sentían perdedores, mientras que la gente de Joaquín Lavín sentía exactamente lo contrario.
¿Por qué triunfó finalmente Lagos? Entre muchas otras cosas, primero porque sus partidario terminaron convirtiendo un estado de ánimo que al principio no era adecuado en adecuado. Y segundo, porque un liderazgo como el de Lagos puso en evidencia los conflictos internos y aprovechó el debate producido para "mover" a su gente.
La tarea de ir educando
Estos ejemplos y muchos otros se explican porque los estados de ánimo engloban aspectos del ser humano que van desde la mente hasta el cuerpo, incluyendo con ello el comportamiento y las reacciones de este último. A la gente se le olvida que la mente y el cuerpo están siempre estrechamente unidos. A revés de los espacios animales, los espacios humanos tienen aspectos temporales y relaciones identitarios. El quiénes somos, de dónde venimos y dónde vamos, nos preocupa permanentemente.
Así, no sólo nos preocupa lo que nos acontece en nuestro organismo, sino también aspectos abstractos como la seguridad del empleo, las relaciones amorosas, las relaciones sociales de reputación y, por supuesto, los estados de ánimo, que a su vez tienen que ver con todas estos aspectos.
La diferencia del estado de ánimo con lo anterior es que es prerreflexivo por definición; siempre marcha adelante de la reflexión y la conversación, lo cual no quiere decir que sea irracional. El estado de ánimo define espacios posibles de conversación. Uno no enfrenta sólo problemas, sino que también los enfrenta desde un estado de ánimo donde los problemas aparecen.
Entonces, lo que tenemos que hacer es ir educando, ir conectando estos temas que parecen desperdigados. En la reciente polémica de la selección, los periodistas actuaron con espíritu de cuerpo y se atarearon en señalar lo que era justo e injusto en el veto de los jugadores. No se adentraron en aspectos más de fondo, como preguntarse por qué está ocurriendo todo y cómo podemos solucionarlo.
Protagonistas de la transformación
Repito, no me cabe ninguna duda que para Brasil ganarle a Chile sólo basta un partido normal, mientras para nosotros se necesita un partido extraordinario. Entonces, nosotros somos los que tenemos que diseñar el estado de ánimo necesario para que eso sea posible. Si logramos que Zamorano se vuelva a sentir querido, probablemente cambiaríamos su estado de ánimo y el de sus compañeros, iniciando otra fase de este proceso: la de la conversación por sobre el conflicto. Si no, algún bando va a ganar quizás la discusión, pero todos vamos a perder el partido.
Nosotros y nuestros hijos somos los protagonistas llamados a salir de la actual crisis económica y, sobre todo, para enfrentar la gran transformación de la economía regida por el vértigo tecnológico y la globalización, campeonato del cual no nos podemos escapar ni retirar.
Para ello, los chilenos debemos aprender a conversar, a escucharnos los unos a los otros. Igualmente, debemos aprender de otros que no son chilenos y de sus experiencias. Así, dejaremos de hacer del debate sordo y la crítica generalizada el rasgo más característico de nuestro estilo nacional.



