Dos maneras de pararse en la vida

La generación contemporánea tiene como
principal problema el que no está mirando cómo Chile se debe posicionar en el mundo.

Por Fernando Flores

26 de Marzo de 2004

Una de las virtudes que tienen los viajes es que nos revelan los contrastes y nos exponen a nosotros mismos.

Es curioso y significativo cómo una ex colonia penal, tierra de reclusión y de castigo, con el tiempo nos ha dado un ejemplo de libertad, de regocijo y de orgullo.

Australia es un país grande, de cerca de 7,7 millones de km2, de tierra caliente y seca, no demasiado fértil, pues más de una cuarta parte es un verdadero desierto. En contraste con el territorio, su población es más bien pequeña, contando con aproximadamente 19 millones de personas. En esta tierra, geológicamente muy antigua, donde los indígenas llevaban viviendo más de 30 mil años en notable armonía con su tierra sagrada, sus animales y sus plantas, a fines del siglo XVIII, Inglaterra emplazó una colonia penal. La primera flota de navíos con su cargamento de condenados llegó a Sydney el 26 de enero de 1788. Si bien con ellos viajaban, también, colonos libres, los convictos fueron determinantes en los orígenes de Australia.

País exitoso en el concierto global, los australianos son gente en armonía con su pasado y sus tradiciones, orgullosa de su identidad histórica, agradecidos de Dios por lo que tienen, y de las pruebas que los tiempos les proponen. Como lo hicieran en el tiempo de sus orígenes, se preparan a enfrentar la incertidumbre de los que vienen, una vez más, como un desafío y no
como un castigo. Explotan con seriedad los tremendos cambios en curso y la angustia que implican, con la fuerza que les ha dado el hábil manejo de sus prácticas culturales, y miran al futuro como nuevas ocasiones de opción, de liderazgo y de orgullo nacional. En sus tradiciones encuentran el pretexto para la excelencia con la que enfrentan la competitividad exigida por la economía actual. Con optimismo, sienten que luchan por la buena causa de su proyecto país. Y, sin embargo, son también capaces de compartir, sin chauvinismo, su insularidad con otros.

Así como a los australianos los embarga un sentimiento de gratitud y de optimismo, a nosotros, los chilenos, con frecuencia nos embarga la sospecha, un temor abrumado, un cierto desgano frente al futuro.

Desconfiando de nosotros mismos, nos resistimos a dialogar cómo resolver sobre las acciones que este futuro nos exige. La generación contemporánea tiene como principal problema el que no está mirando cómo Chile se debe posicionar en el mundo, como una entidad auténtica que nace de su ser. Carecemos, además, de la solidaridad que nos permita sentirnos parte de un "nosotros", eso que, como nación, nos dé la fuerza necesaria para enfrentar como una oportunidad la incertidumbre del mundo que viene.

Debemos abrazar la incertidumbre con decisión y alegría. Para ello es necesario que re-fundemos la identidad de Chile, y nuestra propia identidad, mediante un compromiso que no ponga en duda nuestra incondicional adhesión a valores comunes, a valores históricamente compartidos, a tradiciones que a todos nos unen, y que celebramos.

A partir de la preservación, recuperación, o reconfiguración de ese conjunto de prácticas que nos llega desde nuestra particular historia, debemos ser capaces de forjar una identidad como individuos y como país, es decir, un modo de ser y de hacer las cosas, y de presentarnos ante el mundo, del que nos sintamos dignos. Esto requiere, además, reconstruir nuestras
confianzas mutuas, asumiendo los dramas del pasado no como motivo de discordia sino para aprender de ellos. Y reconocer, también, y aceptar que somos parte de otras identidades que nos aportan su dimensión y riqueza, y que nos hermanan a tantos otros países. La hispanidad, que nos otorga el caudal de una lengua común, hace de nosotros una fuente de cultura global y,
en su perspectiva más próxima y pragmática, nos abre mercados de grandes potencialidades, tanto en EEUU como en muchos otros países.

En otras palabras, debemos posicionar en el mundo global una identidad atractiva y reconocible que nos abra nuevos espacios.